La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

miércoles, 15 de abril de 2015

VIVE

Hoy me permito copiar en mi blog una entrada del blog de Emilio. Os gustará.

VIVE


¿Cómo podemos amar a nuestro enemigo?
Sólo hay un camino: comprenderlo.
debemos comprender por qué es como es,
cómo llegó a ser lo que es,
y por qué no ve las cosas como las vemos nosotros.
(Thich Nhat Hanh)

Amarás a tu prójimo como a ti mismo. (Mc. 12,31)
Habían pasado ya tres años y aquí estábamos en la misma casa que nos vio vivir todos aquellos acontecimientos en Jerusalén. Habíamos venido a la capital a celebrar la Pascua y… Sucedió todo tan rápido... Resultó todo tan inesperado… Nos quedamos todos tan sorprendidos…
Unos días antes habíamos emprendido camino a Jerusalén, algunos se habían adelantado para buscar un lugar donde reunirnos y compartir la PascUa. Nada nos hacía presagiar lo que ocurrió en esos pocos días. Estábamos todos con ganas de vivir juntos este acontecimiento, nuestro corazón vibraba ante lo que nos deparaban estos días de fiesta de nuestra liberación. Unos días que queríamos compartir juntos, con sentido, en esta nueva familia que estábamos formando.
La entrada en la capital fue un tanto extraña. Jesús montado en un asno, nosotros a su alrederor a pie con palmas de platanero en nuestras manos. Algunos de los que nos acompañaban no entendían este gesto y supuso el desconcierto de algunos de los nuestros, entre ellos Judas (uno de los más cercanos a Jesús) que esperaba que Jesús entrará en Jerusalén de otra manera muy diferente, aunque por distintas circunstancias no pudimos saber qué tenía Judas en la cabeza.
Llegamos a la casa y nos reunimos en torno a la mesa, Jesús se ciñó la toalla y nos lavó los pies, y después cenamos todos juntos como manda la tradición. Allí estabamos todos: los doce, otros que seguíamos a Jesús y algunas mujeres, entre ellas, su madre María. La casa estaba repleta de gente. Después de la cena y de dar algunas instrucciones, Jesús fue al monte de los Olivos. Algunos discípulos estabamos allí con él. Jesús se apartó un poquito más y allí intuí que algo no iba bien, pero no sabía qué era. Ahora, después de estos años imagino que pasaría por su cabeza: le vendrían imágenes de su entrada en Jerusalén, una entrada humilde y pacífica (había entre los que le seguían quien hubiera preferido una entrada con espada en mano). Le vendrían a la mente imágenes de sus amigos y amigas, de su madre, de la gente que en estos tres últimos años había compartido camino con él, de… Hacia sólo un momento que había cenado con sus más allegados y ya había hablado con Judas (no le echaba nada en cara, aunque le dolía su postura). No era un momento precisamente agradable. ¡Qué ciegos estábamos! No lo vimos venir y Él tampoco nos dijo nada.
Fue entonces cuando apareció Judas acompañado por soldados y arrestaron a Jesús. Pedro, que en ocasiones era tan explosivo, agredió a uno de los soldados. ¡Qué barbaridad! Ciertamente no entendíamos nada. Jesús tocó al soldado herido con ternura y éste se tranquilizó, después siguió a los soldados.
A partir de aquí todo se salió de quicio y se precipitó. En pocos días Jesús había muerto. Nos quedamos consternados. No acabamos de entender qué había ocurrido y no habíamos tenido tiempo de asimilar lo allí sucedido. Estamos encerrados en la casa en la que días atrás habíamos cenado todos juntos. Teníamos miedo. Jesús no estaba con nosotros y pensábamos que ahora vendrían a por nosotros. Además, algunos habían empezado a irse y la casa empezaba a quedarse grande. ¡Estábamos tan desorientados! ¿Qué se suponía que debíamos hacer? Nos reconcomía las entrañas el sentimiento de no haber hecho nada, aunque ¿qué hubiésemos podido hacer? Habíamos dejado que lo crucificaran y no habíamos movido un dedo.  ¡Qué perdidos estábamos!
Al tercer día de su muerte, algunas mujeres entraron en casa contando historias sobre Jesús. También dos de los que habían dejado la casa regresaron de Emaús diciendo que le habían visto en el camino. Seguíamos en la casa desconcertados más si cabe, cuando Tomás tomó la palabra. Mientras hablaba la puerta se abrió y… y… y allí estaba, era Él? Todos guardamos silencio, Tomás también. No sé cuánto tiempo estuvimos en silencio, pero sé que fue mucho. Al final, muchos nos acercamos con cuidado, le abrazábamos y entre sollozos, reíamos y llorábamos, y llorábamos y reíamos, y… Él con sus gestos delicados y sus palabras tranquilas iba llenando de amor nuestros corazones, como en otras ocasiones. No hubo ninguna mala palabra contra nosotros ni contra sus captores. Como días atrás nuestras vidas se llenaron de paz.
Nos dijo que estuviésemos tranquilos, que no había nada que perdonar, que para que alguien perdone, debe haber un ego herido; sólo el ego herido, la falsa creencia de que uno es la personalidad, ese es quien puede perdonar, después de haber odiado, o resentido, se pasa a un nivel de cierto avance, con una trampa incluida, que es la necesidad de sentirse espiritualmente superior, a aquel que en su bajeza mental nos hirió. Solo alguien que sigue viendo la dualidad, y se considera a sí mismo muy sabio, perdona, a aquel ignorante que le causó una herida. Y también nos dijo: “Escuchad mis palabras: Os veo a todos como un alma afín, no me siento superior, no siento que me hayáis herido, sólo tengo amor en mi corazón por todos vosotros; no puedo perdonaros, porque sólo os amo. Quien ama, ya no necesita perdonar. Id y haced todo con amor”.
Entonces, Él se desapareció.

Habían pasado ya tres años de esto y aquí estábamos en la misma casa que nos vio vivir todos aquellos acontecimientos en Jerusalén. Habíamos venido a la capital a celebrar la Pascua y… Jesús seguía aquí con todos nosotros.

lunes, 6 de abril de 2015

Pascua "a la intemperie"

Ya está, he atravesado "mi Pascua a la intemperie", de la mano de mi querido Emilio y de mi madre, de la mano de la comunidad parroquial de San José de Romo y de su párroco Juanjo Elezkano.

¿Que porqué hablo de una "Pascua a la intemperie"? Me explico. A los quince años pude asistir a la primera "Pascua joven" de mi vida gracias a mis queridas hermanas de Santa Ana. Nos invitaron en el colegio. Aquello para mí fue el inicio de algo profundo, experiencia fundante en toda regla. Un Encuentro con el evangelio a través del paso de Jesús, de su Pascua, encuentro que venía de antes y allí encontró hondura, voces, rostros, canciones, silencios, símbolos litúrgicos que emocionaban todo mi ser, amistad, conversaciones, paisajes... Desde entonces y de forma ininterrumpida, cada Semana Santa la he vivido en ambiente de retiro, de oración, priorizando en los días del Triduo el silencio que permite contemplar y dejarse tocar por el Misterio. Viví después la Pascua en Manresa, luego la "creación" junto con con una gran sacerdote de la Pascua urbana en una parroquia de Barcelona,  al instalarme en el País Vasco de nuevo, la Pascua urbana en Vitoria e incluso por dos años el regalo de animar y motivar la vivencia en retiro de la Pascua de hermanos de La Salle en Sevilla y en Bujedo.

En cada caso ambientes "cuidados", es decir, silencio y liturgia que se unen para provocar la apertura del interior a algo mucho mayor que uno mismo, algo grande, bello, verdadero, bueno... Ambientes en los que todo se confabula para permitir captar algo de ese Misterio al que llamamos Dios y que en Jesús de Nazaret enamora y escandaliza a la vez.

Y a mis cuarenta y siete años he vivido lo que llamo "Pascua a la intemperie", para mí tiene sentido, lo comparto por si te sirve a ti que lees estas líneas. 

Pascua acompañando la soledad de mi madre que no es soledad llorosa ni depresiva, pero es soledad al fin y al cabo, la de quien no tiene junto a sí a quien fue su compañero durante casi sesenta años, ni a sus cuñadas-amigas. Pascua que no podía ser de otra manera porque ¿qué sentido tenía buscar esa "pureza ambiental" sabiendo a mi madre sola? A veces, en la vida, hay decisiones que se te dan hechas y poco hay que pensar, pero a pesar de "verlo clarísimo", como solemos decir, luego aparecen otras emociones, otros pensamientos que "tiran de ti" hacia otro lado y ahí es donde toca mantenerse en esa "muy determinada determinación".

Pero debo confesar una gran ayuda: Emilio. La belleza del matrimonio brilla en momentos así, cuando hay cosas que cuestan o que no apetecen mucho o que...¡vete a saber! y en cambio, ahí estamos, el uno junto al otro, el uno facilitando el paso al otro, el uno acogiendo las necesidades del otro, casi priorizándolas por sobre las propias, el uno caminando junto al otro. Y así, he vivido una Pascua nueva. ¡Qué extraño se me hacía pasear por Bilbao el viernes por la mañana y no vivir un Via Crucis en comunión con el dolor del mundo! Pero... ¿y el dolor de mi madre? ese era el verdadero lugar para esta ocasión en la que comulgar con las muertes de la humanidad. Extraño caminar por la calle, tomar un pintxo, ir a un museo, extraño, sí... En algún momento me sentí infringiendo no sé qué regla tácita de mi vida o siendo infiel "a algo", "a alguien..."

He sentido un montón de mociones interiores, de sensaciones agradables y desagradables y lo que me ha ayudado a situar las cosas en su lugar y no dar cancha a cierta melancolía que quería establecerse en mí, ha sido vivir el presente, vivir cada momento ratificando la razón por la que estaba ahí, en Getxo y no en otro lado y la certeza afincada en mí en los últimos años de que Dios es el Dios de la vida, el que está y es en la vida, en lo pequeño que luego, si toca, nos lleva a lo grande porque "quien no es fiel en lo pequeño, no lo será en lo grande".

Llegaban así los momentos de "los oficios". Me recuerdo a mí misma tan cuidadosa y amante años atrás de los detalles litúrgicos que me da risa, una risa amorosa, porque hoy me sobra la mitad. Y por ello la sobriedad litúrgica de la Parroquia de Romo me ha ayudado a centrar la mirada interior, a agradecer estar allí. Emilio y yo los más jóvenes. Asamblea de personas mayores, sencillas, que te dan la paz con un gran cariño, que leen, que escuchan las palabras sencillas y directas de Juanjo y con él cantan a pleno pulmón aunque seamos "cuatro gatos". 

Allí he sentido fuerte dentro que se cerraba una etapa de mi vida, que llega otra que no sé en qué consiste, pero que está ahí y que pasa por el cuidado de los mayores que hay en mi vida, comenzando por mi madre, como ya lo hice con mi padre. Etapa quizá de mayor interiorización sin tanta "ayuda" exterior porque me toca vivir más a la intemperie, sin los apoyos que en otros lugares y momentos he tenido. Etapa de madurez, de ir mucho más allá, de abrazar tanto recibido, tantísima riqueza humana, espiritual y dar fruto en lo cotidiano traduciendo todo en el "pan de cada día".

No os oculto que hay algo de "vértigo" en esta certeza que va llegando, pero lo acojo y no lo hago sola aunque sea sólo mía la responsabilidad última de secundar esta llamada.

También quiero compartir la percepción de que aunque lo que sucede "dentro de los templos" vaya envejeciendo en edad y vaciándose de participación, lo que sucede en los templos de carne de nuestros corazones y nuestras vidas, va hacia delante, no caduca y es lo que a Dios de veras le importa, en mi humilde opinión.

Por todo ello y por más que me quedo para mí, puedo sonreír, reír y cantar y proclamar con fe renovada y recreada: ¡CRISTO VIVE! Todo lo bueno, bello y verdadero de la Vida vive por siempre y para siempre y el resto es cosa de mi camino, de tu camino, de nuestro camino de seres humanos perfectamente imperfectos.

Entonces veré el sol con ojos nuevos
y la noche y su aldea reunida,
la garza blanca y sus ocultos huevos,
la piel del río y su secreta vida.

Veré el alma gemela de cada hombre
en la entera verdad de su querencia,
y cada cosa en su primer nombre
y cada nombre en su lograda esencia.

Confluyendo en la paz de Tu mirada,
veré, por fin, la cierta encrucijada
de todos los caminos de la Historia

y el reverso de fiesta de la muerte.
Y saciaré mis ojos en Tu gloria,
para ya siempre más ver, verme y verte.

Pedro Casaldáliga. Sonetos neobíblicos, precisamente.

miércoles, 25 de marzo de 2015

Atender la Vida educando el SER. Intervención en el XXIII Foro Religioso Popular de Vitoria-Gasteiz

Hoy dos entradas. Acaba de llegarme este regalito y lo comparto, aunque no me va mucho esto de salir en videos, pero ¡por una vez y sin que sirva de precedente! Espero que os guste.


"Pegados"

Ahí os lo dejo y, si queréis, dejad comentarios sobre qué os sugiere.

martes, 10 de marzo de 2015

El libro de la vida: ser quien se es

Espero que alguno/ de los/as que leéis este blog hayáis podido ver la película que estoy comentando. Si es así, me animo a compartir otro de los aspectos que a mí me llamaron la atención: la preciosa propuesta de no tener miedo a ser quien se es.

Manolo, Joaquín y María. Tres amigos, tres recorridos vitales que confluyen en el momento de defender a su pueblo del terrible ataque de una bandido monstruoso. Cada uno de ellos afronta ese momento desde la personalidad que ha ido creando, me explico:

MARÍA:  desde pequeña no encaja en rol femenino que le quieren asignar. Es enviada por su padre a un internado para ser educada como una señorita. Regresa hecha una bella mujer y mucho más. María sigue siendo una persona con arrojo, luchadora, firme, con la cabeza bien puesta y nada conforme con la idea de ser una "mujer florero".

JOAQUÍN: hijo de un gran héroe nacional. Desde pequeño embelesado por el ejemplo de hombre valiente y guerrero de su fallecido padre y, por ello, nada reacio a colgarse medallas que no le pertenecen, eso mismo le llevará a aceptar ser tenido por héroe cuando no lo es y a parapetarse tras los poderes mágicos de la medalla que le regala maliciosamente Xibalba, el señor del país de los muertos olvidados. Con esa medalla Joaquín no sufre el dolor, es todopoderoso y ni la muerte puede alcanzarle. Esa medalla, simplemente, refuerza su ego, la imagen de si mismo que le agrada, la del hombre potente, intocable, vencedor siempre. Así se ve y así le ven en el pueblo, aunque sea haciendo trampa...

MANOLO: Hijo de un gran torero descendiente de toreros, Manolo siente, sin embargo, una predilección por la música y un total rechazo por el hecho de matar un toro. Manolo intenta conjugar las dos cosas como puede y vive por ello la continua tensión entre quien le dicen que es y quien él mismo siente que es.




Será la apuesta entre la Catrina y Xibalba la que movilice a cada uno de los tres amigos. En ese "juego" por el amor de María, cada uno irá viviendo un recorrido en el que se percibe esa tensión que todos/as vivimos entre lo que K.G. Dürckheim llamaría el "yo existencial" y el "Ser esencial". La lucha por el amor de María pone a Manolo y a Joaquín en movimiento, les hace actuar de una forma que irá desvelando progresivamente quiénes son de eras más allá de quien creen ellos mismo y los demás que son.

Joaquín logra desvelar su verdadero ser cuando le es arrebatada la medalla. Aquello que supuestamente le protegía estaba, en verdad, impidiendo su plena manifestación, le otorgaba una fuerza ficticia anulando su verdadera fuerza la que brilla en el gesto de amor y valentía de la escena final en la que está dispuesto a morir por Manolo.

Manolo llegará a vivir ese proceso de desvelamiento caminando por los dos mundos: el de lo muertos y el de los vivos, podríamos decir que Manolo es un verdadero Chamán: viaja al lugar de los muertos para liberarse y llenarse de fuerza y regresar así cargado de sabiduría a la tierra de los vivos para rescatar a sus amigos. Todo Chamán vive y realiza ese papel de "puente" entre dos mundos e incluso tres. El Chamán, la Chamana, ha visto algo más de lo que los demás pueden ver y aplica esos conocimientos para el bien espiritual y corporal del grupo. En el caso concreto del personaje de Manolo, el momento de su "despertar" acontece en la tierra de los muertos recordados cuando es obligado a torear los seis toros que mataron a sus seis antepasados. En el último toro, terrible, enorme, grotesco, Manolo vive su personal iluminación:  no tiene miedo a matar al toro, tiene miedo de ser él mismo. En el mismo momento que lo reconoce puede terminar la faena pero, esta vez, con sus propias "armas" y escuchamos a Manolo cantar un bella canción a ese monstruo que se calma, se deshace y desaparece ante ese canto que sale del alma.


La película muestra así como cuando nos desnudamos de las falsas identidades que no son impuestas por el apellido, la cultura, la patria, etc, podemos descubrir quienes somos de veras y cuando eso sucede la aportación que podemos realizar en nuestro entorno es mayor, más real, más potente. Vivimos presos por imágenes mentales, pensamientos, ideas, "dogmas" de todo tipo que nos frenan, que nos hacen creer que somos quienes en verdad no somos. 

Ese "canto del alma" de Manolo evoca la belleza, la verdad y la bondad que somos y que sólo consigue iluminar nuestra vida cuando somos curados del ego.


(Y...¡no me olvido de María, sólo que ella, la mujer ¡era la más sana de todos!)






viernes, 27 de febrero de 2015

El libro de la vida

De nuevo una inesperada y gratísima sorpresa aventurándonos a ir al cine "sin tener muy claro qué ver". 

"El libro de la vida", película de animación (reconozco que me encantan) producida por Guillermo del Toro. Su estética recuerda un poco a Tim Burton y, para mi gusto, le supera por su colorido, originalidad y ritmo. La música deliciosa con guiños a piezas de todos los estilos y tiempos. El contexto: México y la fiesta de los muertos y...¡ahí está la gracia de todo!

Hace poquito que mi padre falleció, exactamente dos meses y veintidós días. Ahí ando, viviendo y haciendo el duelo. Por eso esta película inesperada ha sido para mí un regalo precioso (seguro que mi padre anda detrás).

La cultura mejicana tiene una especialísima relación con la muerte y con los muertos, una relación que por estos lares del mundo nos puede parecer morbosa, poco respetable y demasiado "chamánica", vamos, poco cristiana. El día de los muertos, por resumir y mucho (disculpadme de corazón quienes me leéis desde México) se celebra los días 1 al 2 de noviembre, coincide así con la celebración católica de "los difuntos" y de "todos los santos" (que ya se están casi borrando del imaginario español con la moda de celebrar "halloween" y sus disfraces de monstruos). Pues bien, en esas fechas, los mexicanos/as construyen en las tumbas de sus familiares unos altares hermosos, llenos de color, sabor, olor... Allí se colocan un retrato del difunto/a o difuntos, velas abundantes, "pan de muerto" (añadido cristiano que recuerda la eucaristía), flores y más flores y toda la familia recordando a su muerto/a cena allí en ambiente festivo.

La película comienza así y ofrece su primer regalo para quien quiera descubrirlo y disfrutarlo: los muertos perviven en el recuerdo de los vivos. Así, la tierra de los "muertos recordados" aparece de pronto en la pantalla: es hermosa, plena de color, de fiesta, de música y risas, vamos, un cielo dinámico, lo mejor de la tierra allí pero a la perfección. Si alguno de vosotros sabe algo de Teología sabréis que hay una asignatura que se llama "Escatologia" y nos habla de lo que pasa después de esta vida que conocemos (lo triste es que a veces hablamos de "la otra vida" y ni siquiera conocemos de verdad "esta vida"). Aquí la visión escatológica es tan preciosa que, os confieso, dan como ganas de morirse, no sé si me entendéis. Pero, lo curioso es que en ningún momento se divisa en el discurso de la película un menosprecio por esta vida mortal (como a veces se nos ha escapado en el discurso católico). Al contrario, se sale del cine, al menos así nos pasó a mí y a mi querido acompañante, con ganas de vivir, de cuidar de tus seres queridos vivos y muertos: cuidar a los vivos con el amor concreto, hecho gestos, y cuidar de los muertos recordándolos siempre con una sonrisa, con amor y agradecimiento aunque no fueran personas perfectas.

El contraste con la tierra de los "muertos olvidados" lo podéis imaginar. La manera de expresarlo visualmente es potente: ni un color, ni música, sólo "ayes" de las almas olvidadas que, finalmente, se desintegran y desaparecen. ¡Qué triste! ¿Puede una vida, por mínima que haya sido a los ojos humanos, ser olvidada? Si es así es lo más triste que puede imaginarse. Al ver la escena en la pantalla se te rompe el alma y los propios personajes de la película lo expresan en diferentes ocasiones, sí...¡lo triste que es ser olvidado! En ese momento recordé algo triste relacionado con la muerte de mi padre y Alguien me recordó en mi alma  que "aunque tu padre y tu madre te abandonen, yo no te abandonaré" (sal 27,10)y miré las palmas de mis manos y recordé que Dios me lleva tatuada (¡uy! qué moderno!) en las palmas de sus manos...¡Nadie cae en el olvido para Dios! ¡nadie!

"Siempre te recordaré, papá, siempre y lo haré con alegría e ilusión, en mí, tú no morirás" Esa fue mi oración y diálogo con mi padre en ese momento de la película, realmente un compromiso vital. Y más allá de mi padre, recordar a aquellos/as de quienes nadie se acuerda: los empobrecidos de este mundo que mueren en las cunetas del mundo.

Entonces hace su aparición una lindísima historia de amor y de amistad que, poco a poco, irá desvelándose como una historia de descubrimiento de "quién se es de verdad" y, como ando imbuida en la obra de Karlfried Graf Dürckheim, a mí me sale decir que la película nos lleva a conectar con el Ser esencial, el que está más allá, mucho más allá de mi apellido y me recuerda también a la Metagenealogía de Jodorowsky y a la necesidad de sanar y superar y embellecer la historia familiar que riega el árbol genealógico de cada uno/a tan llenito de fallos, de rutinas establecidas, de miedos, pero también de cosas bellas. 

Hay mil detalles más que comentar, pero me gustaría seguir otro día, daros tiempo para que veáis la película, si queréis y no "quitarle la gracia" explicándolo todo. Así que hoy me detengo aquí, si os parece y os propongo saborear el recuerdo de quienes nos han precedido, de los seres amados sobretodo, de aquel/la padre o madre o tía/o o abuela/o o amigo/a que ya se fue. Recordarlo con alegría, no con llanto, aunque este se nos cuele sin querer. Recordarlo con gratitud, e incluso, si se hace necesario, con un perdón otorgado o con una petición de perdón pendiente. Recordarlo en la certeza de que en ese recuerdo él/ella vive y, "si yo me olvidare de ti", el corazón de Dios lo acoge en un re-cordare total, es decir, nombrándolo en su corazón amorosa, eterna y perfectamente.

jueves, 26 de febrero de 2015

Carta a un islamista de Al Qaeda

J. I. González Faus. [La Vanguardia] 

Querido hermano criminal:
Siento necesidad de llamarte de esas dos maneras. Porque, si creo en un Dios que es Padre de todos, no dejas de ser mi hermano, aunque te considere criminal.
Desde esa fraternidad comenzaré por una confesión. Mi iglesia, hace cosa de ochos siglos, montó “cruzadas” absurdas y mató musulmanes “para rescatar el sepulcro de Cristo”, aunque nuestra fe profesa que más importante que esa tumba, es el Cristo vivo en todos los hombres. Pertenezco a una Europa cuyo progreso es debido en parte a la esclavitud de africanos en el XVIII y al reparto de África por las potencias europeas en el XIX. Occidente, que se considera avanzadilla de la democracia, sostiene dictaduras cuando éstas tienen petróleo. Nunca leí Charlie-Hebdo y no sé si insultaba, pero reconozco que nosotros confundimos a veces el derecho a la libertad de expresión con el falso derecho a insultar y faltar al respecto. Alardeando de civilizados ponemos esa libertad de expresión (que nada nos exige) por delante de derechos elementales de otros, (derecho a una alimentación y vivienda dignas fruto del propio trabajo) y toleramos que derechos tan primarios sean pisoteados, mientras exigimos libertad para faltar al respeto.
Por todo eso debo pedirte perdón. No me considero inocente. Pero duele más tener hermanos asesinos que hermanos asesinados: pues el mal destroza más al que lo comete que al que lo padece. Por eso te digo que vuestra inhumanidad y vuestra criminalidad son injustificables: las víctimas son sagradas por ser víctimas, no porque sean inocentes. Los crímenes del pasado enero en Francia y otros actos terroristas son abominables: sobre todo por atacar a personas concretas que no tienen más pecado que el de pertenecer a un país donde hay culpables.
Además ofendéis al Dios al que pretendéis defender: el grito de “Allah Akbar” proferido tras matar a un ser humano sólo puede significar dos cosas: o “Dios es criminal”, o “yo soy un ególatra que me encumbro amparándome en Dios”. Dos blasfemias. Con el agravante de que el Islam no tiene una voz oficial última (algo como un papa o un Consejo Mundial de iglesias) que pueda excluiros y proclamar oficialmente que no sois el verdadero Islam. Así parece que en el Islam cabe tanto vuestra barbarie como la bondad del policía musulmán que murió defendiendo a vuestras víctimas.
Me pregunto si sois realmente criminales o simplemente incultos. Pero puedo decirte algo muy elemental: toda fe religiosa es necesariamente dinámica: crece y cambia conforme crecemos nosotros. En el caso de mi fe cristiana, reconocemos que muchos textos del Primer Testamento están hoy superados: transmiten algo válido (vg. que Dios es justo y ama la justicia) pero lo transmiten de forma hoy inservible, propia de tiempos más oscuros en que la guerra era una profesión más. Si efectivamente los hombres somos historia y progreso ¿por qué no habría de ser posible una lectura semejante del Corán? Dicho desde mi horizonte personal: nosotros hemos hablado mucho de “razón y fe”; y sostenemos que no pueden contradecirse porque ambas proceden del mismo Creador, aunque una supera a la otra. Rechazamos por eso los fundamentalismos que afirman una fe sin razón o contra la razón.
Es verdad que nosotros proclamamos muchas veces una razón falsificada, que no podrá entenderse con la fe porque es una razón al servicio del dinero; y así falsificamos esa laicidad de la que alardeamos: pues la laicidad es aconfesional y nosotros adoramos al Dinero Todopoderoso. En una auténtica laicidad no cabe más sacralidad que el respeto a todo ser humano. Y vosotros, cuando venís aquí, experimentáis (a veces en carne propia) la falta de respeto con que nosotros tratamos a los pobres, mientras doblamos nuestra rodillas ante los millonarios.
Te pondré un último ejemplo de esa razón corrompida, volviendo a la libertad de expresión tan ciegamente defendida. Imagínate que al día siguiente de las impresionantes manifestaciones del pasado 13 de enero, algún diario de Argelia o Egipto o Túnez publica un dibujo de aquellas marchas y (como en ellas se cantó la marsellesa) incrusta una viñeta que dice “marchons, marchons, avec cuillons, enfats de la merdi” (o algo de este jaez). ¿Sonreiría Francia ante esa parodia hortera, como homenaje a la libertad de expresión?
Y sin embargo, hubo en aquellos días cosas humanamente admirables: como la portada perdonadora del nuevo Charlie-Hebdo del 14 de enero (aunque vosotros consideráis prohibidos los dibujos de Mahoma, debéis aceptar que eso sólo obliga a los musulmanes). Cosas tan admirables que me hicieron recordar la frase de Camus (“en el hombre hay más cosas dignas de admiración que de desprecio”).
En resumen: puedo concederte que no protestáis contra los “valores de Europa” (como algunos dijeron) sino contra la corrupción que hemos hecho de esos valores. Pero deberás reconocerme que el asesinato desautoriza toda protesta, por sagrada que parezca. Quizá nos encontraríamos más si, por ejemplo, vosotros leyerais a Camus y a Simone Weil (que propuso una “Declaración de los deberes del hombre”), y nosotros leyéramos a Ibn Arabi o a Rumí (con sus profesiones de una religión del amor).


martes, 24 de febrero de 2015

50 enfermedades de Grey...¡y de demasiadas mujeres!

Copio esta aportación de una psiquiatra estadounidense que me parece atinadísima. Por favor: Debemos poner una palabra lúcida en medio de esta tergiversación vestida de lujo y chicos/as guapos/as de lo que es el amor y de los cimientos sobre los que se construye la relación de pareja. Comentadlo con vuestros/as hijos/as, alumnos/as, sobrinos/as... ¿Cómo podemos estar luchando y trabajando por la persecución y fin de lo que llamamos "violencia de género" y a la vez hacer cola para ver una película así o para comprar y leer los libros en los que se inspira? 

En mi caso ni he leído los libros ni he visto ni veré al película ya que me basta y me sobra con los comentarios de amigas (curiosamente ningún amigo) que sí han leído los libros o de alguien que ha visto la película y decido no dedicar ni un minuto ni un céntimo en este tema a no ser para denunciar el nivel de tontería que nos invade y la hipersexualización de la sociedad que a muchos interesa sumamente para tenernos bien atontados/as.


carta-de-psiquiatra-por-50-sombras-de-grey
Hace una semana se estrenó la película “Cincuenta sombras de Grey”, basada en la novela erótica del mismo nombre. En este contexto, la psiquiatra estadounidense Miriam Grossman escribió una carta en su página web oficial, dirigida a todas aquellas jóvenes seguidoras de la cinta, asegurando que este film puede tergiversar negativamente su visión del romance y la sexualidad. Aquí va:

No hay nada gris en las 50 Sombras de Grey (Gris, en inglés).
Es todo negro.
Déjenme que les explique. Me dedico a ayudar a la gente que está rota por dentro. Al contrario que los médicos, que usan rayos X, o analíticas de sangre para determinar qué le pasa a alguien, las heridas que a mi me interesan están ocultas. Hago preguntas, y escucho con cuidado las respuestas. Así es como descubro que la persona que tengo delante está “sangrando”
Años de escuchar con cuidado me han enseñado mucho. Una de las cosas que he aprendido es que los jóvenes están totalmente confundidos en el amor – encontrándolo y manteniéndolo. Escogen bastante mal, y acaban perdidos y dolidos.
No quiero que sufras como la gente que veo en mi consulta, de ahí esta advertencia sobre la nueva película “Cincuenta sombras de Grey”. Incluso si no ves la peli, su mensaje tóxico está calando en nuestra cultura, y puede sembrar ideas peligrosas en tu cabeza.
“Cincuenta sombras de Grey” se estrena por el día de San Valentín, con lo que puedes pensar que es un romance, pero no caigas en eso. La película, en realidad, va de una relación enfermiza y peligrosa, llena de abusos psicológicos y emocionales. Tiene glamour porque los actores son atractivos, con coches y aviones caros, y canta Beyonce. Puedes creer que Christian y Ana son geniales, y que su relación es aceptable.
¡No te dejes manipular! La gente que está detrás de la película quiere tu dinero; no les preocupa para nada ni tú ni tus sueños.
El abuso ni gusta ni está genial. Nunca está bien, bajo ninguna circunstancia.
Ésto es lo que necesitas saber de “Cincuentas sombras de Grey”. De niño, a Christian Grey lo desatendieron horriblemente. Él está confundido en el amor porque nunca lo ha experimentado. En su mente, el amor se mezcla con sentimientos malos como el dolor y la dignidad. Christian disfruta dañando a las mujeres de las formas más raras. Anastasia es una chica inmadura que se enamora del físico y la riqueza de Christian, y tontamente consiente en sus deseos.
En el mundo real, este cuento hubiera acabado mal, con Christian entre rejas, y Ana en una institución, o en el depósito de cadáveres. O Christian hubiese seguido pegando a Ana, y ella lo soportaría y se quedaría. En cualquier caso, sus vidas no hubieran sido, desde luego, un cuento de hadas. Créeme en ésto.
Como doctora, te ruego: NO veas las “Cincuentas sombras de Grey”. Infórmate, aprende de los hechos, y explica a tus amigos porqué no la deberían ver tampoco.
He aquí algunas de las ideas peligrosas que fomenta las “Cincuenta sombras de Grey”.
1. A las chichas les gustan tipos como Christian que les dan órdenes y consiguen lo que quieren.
¡No! una mujer psicológicamente estable evita el dolor. Se quiere sentir segura, respetada y cuidada por un hombre en el que pueda confiar. Sueña con trajes de novia, no con esposas.
2. Los tíos quieren chicas como Anastasia, que es sumisa e insegura.
Falso. Un hombre psicológicamente estable quiere una mujer que sepa cuidar de sí misma. Y si su comportamiento no es aceptable, quiere que ella le ponga los puntos sobre las íes.
3. Anastasia es libre de elegir cuándo permite que se la hiera, de modo que nadie puede jugzar sus decisiones.
Lógica flaqueante. Anastasia escoge libremente – y escoge mal. Una decisión autodestructiva es una mala decisión.
4. Anastasia decide sobre Christian de forma objetiva y meditada.
Dudoso. Christian proporciona constantemente alcohol a Anastasia, afectando su juicio. Además, Anastasia se vuelve sexualmente activa con Christian – su primera experiencia – poco después de conocerle. La neurociencia  sugiere que los encuentros íntimos podría desatar sus sentimientos de apego confianza, antes de que ella esté segura de que él los merece. El sexo es una experiencia poderosa – sobre todo la primera vez.
Para terminar, Christian manipula a Anastasia para que firme un acuerdo que la prohíbe decir a nadie que él es un abusador crónico.
Alcohol, sexo, manipulación – difícilmente son ingredientes de una decisión objetiva y meditada
5. Los problemas emocionales de Christian se curan con el amor de Anastasia.
Sólo en las películas. En el mundo real, Christian no cambiaría en lo más mínimo. Si Anastasia se sintiera realizada ayudando a gente emocionalmente trastornada, se hubiera hecho psiquiatra o trabajadora social.
Es bueno experimentar con la sexualidad.
Quizá para adultos en una relación sana, longeva, comprometida y monógama, también conocido como “matrimonio”. De otra forma, te arriesgas a enfermedades de transmisión sexual, embarazos, y agresión sexual. Lo sensato es tener cuidado de quién dejamos que se nos acerque, física y emocionalmente, porque un simple encuentro te puede desviar de tu camino y cambiar tu vida para siempre.
La conclusión: las ideas de “Cincuenta sombras de Grey” son peligrosas, y pueden llevara  confusión y malas decisiones en el amor. Hay una inmensa diferencia entre una relación sana e insana, pero la película muestra esas diferencias borrosas, de modo que empiezas a preguntarte: ¿qué es lo sano en una relación? ¿qué es enfermizo? ¿ hay tantas sombras de grises?… no estoy segura.
Escucha, es tu seguridad y tu futuro de lo que estamos hablando. No hay sitio para las dudas: una relación íntima que incluya violencia, consentida o no, es completamente inaceptable.
Ésto es blanco o negro. No hay tonos de grises aquí. Ni siquiera uno sólo.

Por Miriam Grossman MD. Psiquiatra. Traduccion Silvia Maldonado