La Vida se manifiesta en nuestras vidas siempre y cuando mantengamos abiertos los caminos del interior. El actual ritmo de vida y los requerimientos de nuestra sociedad dificultan cada vez más ese acceso al interior personal en el que se encuentran las materias primas para la construcción de nuestras vidas. Sin darnos cuenta, nos autoexiliamos de nuestro hogar interior. Allí, utilizando la imagen del Maestro Eckhart, Dios se encuentra como en su casa, pero nosotros nos sentimos extranjeros.

Educar la Interioridad es favorecer los procesos y proporcionar las herramientas que nos permitan volver a casa, al hogar interior para desde allí vivir unidos a los demás, al mundo, a Dios.

jueves, 19 de mayo de 2016

A veces...

A veces me gustaría irme lejos, muy lejos de este "tinglado" al que llamamos "vida". 

Desde muy pequeña sentí que la vida de verdad fluía por otros cauces que no son precisamente los que se nos ofrecen como auténticos.

Me atreví a soñar y eso me llevó a tierras de una belleza inimaginable. En pos de mi sueño he cometido errores y hasta he hecho daño a algunas personas. Pero me he arriesgado y doy por buenas mis equivocaciones porque sin ellas no hubiera aprendido tanto. 

En todo ello la Vida me ha ido mostrando su sublime Belleza que no reside en nada que tenga un precio ni en nada que se base en una imagen. 

En esa navegación en pos de un sueño, se ha ido arraigando más y más en mí la certeza de que en lo que nos dicen que nos toca hacer o pensar, no reside mi felicidad. Por experiencia sé que lo que llamamos "normal" por estar dentro de la norma, me asfixia, me empequeñece, me adormece, me lastima el alma.

A veces, en cambio, he deseado vivir dormida para tener de qué conversar, para saber qué decir, para sentirme normal y una más. Los cantos de sirena pueden llegar a resultar sumamente atractivos, pero sólo causan naufragios.

Pero gracias a su generosidad la Vida me ha mostrado espacios abiertos de tal esplendor y magnitud que no adentrarme en ellos hubiera supuesto mi muerte.

Hoy, como sucede con los ríos bravos, mis aguas parecen llegar a un remanso que a ratos leo como una traición al dinamismo imparable del pasado. Sin embargo, percibo que la Vida quiere hoy manifestarse así en mí: en un remanso más pequeño, aparentemente menos bravío en su ritmo, pero quizá más profundo en sus fondos. Como si la potencia del agua durante tantos años hubiera horadado más y más el cauce otorgándole mayor profundidad y anchura aunque en su superficie parezca haber perdido vitalidad.

Esa es la labor del Espíritu: amplificar el espacio hasta hacernos puro espacio, aparente vacío plenificado por la Presencia. 

Por eso me resultan tan ajenas tantas cosas a las que dedicamos tanto y tanto tiempo y energías y se me confirman como esenciales tan poquitas o apenas ninguna... Quizá sólo una es esencial y eterna y no es "una cosa", se trata del Amor, ese que "es paciente, es servicial, no tiene envidia, no se alegra de la injusticia y goza con la verdad, espera siempre, aguanta siempre y no acaba nunca"

Ese sueño que me tomó y me modeló hoy me regala algunos frutos jugosos que alimentan mi ser y me ayudan a continuar este otro trecho de la travesía vital sin perder mi conexión con la Esencia de todo cuanto es.

A veces todo cuanto calificamos de "real" se me antoja un sueño y una estupidez y, sinceramente, comprendo que sea así pues lo Real sonríe y nos espera paciente tras el desfile de sombras mientras no nos atrevamos a salir de la cueva dejándonos deslumbrar por la luz del Sol.

A veces... A veces me siento tan sumamente extranjera, extraña, ajena... Y es por ello que a veces, algunas veces, vivo la vida como si fuera un juego.





martes, 3 de mayo de 2016

"Acoger el temblor"

“Encuentra tu verdadera debilidad y ríndete a ella. Ahí está el camino de la genialidad. La mayoría de la gente pasa su vida usando sus fortalezas para superar o encubrir sus debilidades. Hay unos pocos que utilizan sus fuerzas para incorporar sus puntos débiles, que no se dividen, esas personas son raras de encontrar. En cualquier generación hay unos pocos y son quienes la lideran.” Moshe Feldenkrais


En el blog de Helena Guevara, especialista  de Feldenkrais cuyas lecciones "on line" utilizo, encuentro esta entrada magnífica que me parece clave. Quiero compartirla con todos/as vosotros/as.




Viendo y escuchando conecto con todos mis límites y "temblores"...¡Son tantos! Deseo atravesarlos  amorosamente, dejándome enseñar, iluminar, pero sobretodo, acogiéndome a mí misma en lo que no puedo, en lo que no sé, acogiéndome cuando "no llego", acoger mis equivocaciones, mi sombra, mis miedos y vergüenzas. Acoger cada uno, uno a uno, mis límites con amor y lucidez, agradecida por ser humana, aunque me sepa habitada por lo divino.

Si abrazo y acojo mi ser imperfecto en su imperfección ¿cómo podré abrazar y acoger a otros y otras seres imperfectos como yo?

Pero aún deseo más, deseo "acoger el temblor" y escuchar lo que quiere enseñarme, los cientos de puertas nuevas que atravesar que me quiere mostrar cuando en lugar de rechazar esos "temblores vitales" los nombro, los acojo y luego los suelto suavemente como a cometas que desean alzar el vuelo o semillas que desean hundirse en la tierra y fructificar.

"Todo es posible y todo está por hacer", decía el maravilloso poeta  Miquel Martí i Pol. Así es con la condición de que en ese "todo" incluya lo tembloroso como vía de acceso a lo posible, tantas veces imposible cuando me resguardo en mis zonas de confort o simplemente me asusto y abandono a causa de mi "temblor".

miércoles, 13 de abril de 2016

De verdades y mentiras

Ayer en Donostia nos hablaba un jesuita sobre el drama de los "refugiados" y la hospitalidad e inclusión. Señaló varias cuestiones que me parecieron sumamente importantes y hoy resalto una de ellas. Comenzó su intervención haciéndonos caer en la cuenta de lo importante que es diferenciar entre "verdad" y "mentira".

Cierto, abundan las medias verdades y las puras mentiras en el ámbito político y en los medios de comunicación. Mentiras que muchos nos creemos y vamos repitiendo como cantinelas que de tanto decirse se camuflan como verdades. 

"Vienen a quitarnos nuestro trabajo", "los yihadistas vienen con los refugiados", "no hay medios para atenderlos", "muchos son delincuentes", "no quieren integrarse", "es imposible vivir con ellos", "que se queden en su país y lo arreglen"... Estas afirmaciones y otras repetidas de diferentes formas en diferentes medios, acaban por ser pronunciadas en el día a día de nuestra vida; las escuchas haciendo cola en un súper, en el bus, en una sobremesa de familia, en boca de un compañero/a de trabajo...

Sin embargo, no el mucho repetirla transforma la mentira en verdad. Esa no es la verdad. La verdad es que en Siria la guerra brutal dura ya cinco años. La verdad es que Europa no está soportando un número tan tremendo de desplazados como otros países, por ejemplo, Libia. La verdad es que Europa está incumpliendo lo que que se comprometió a hacer antes de invierno y ningún país ha acogido el número de refugiados al que se comprometió. La verdad es que hablamos de seres humanos, de ancianos, enfermos, niños, mujeres embarazadas, padres y madres de familia que han sido víctimas de una guerra inhumana, brutal y, como haríamos tú y yo, como hicieron nuestros padres y madres y abuelos en la Guerra Civil, han huido para salvar la vida, no para robar nada a nadie, ni para hacernos la vida más difícil a nadie. Hablamos de personas que, en su mayoría, estaban bien donde estaban, pero han sido forzados a dejar todo atrás y lanzarse a caminar por rutas que creían seguras pero en medio de las cuales aparece la hipocresía de los políticos que les dicen y nos dicen que esto tiene difícil solución poniendo límites a nuestra capacidad de crear fraternidad, camuflando mentira tras mentira. frenando la generosidad de muchos de nosotros y nosotras.

Los focos de desplazamiento de personas en el mundo hoy están bien identificados. En la reflexión de ayer se nos decía, y eso terminó de ponerme los pelos de punta, que con que los 24 países europeos echaran una mano a estos focos en educación, sanidad, y otros ámbitos, podría comenzar a reconducirse la situación. 

Los 10 principales países de origen de los refugiados (Finales de 2009):

PAÍSNº de PERSONAS REFUGIADAS
Afganistán*2.887.100
Iraq1.785.200
Somalia678.300
R. D. Congo455.900
Myanmar*406.700
Colombia*389.800
Sudán368.200
Vietnam339.300
Eritrea209.200
Serbia195.600

Hablamos pues de 24 países echando una mano a 10, como veis toca a poquito por país, pero ni eso quieren los dirigentes, ni eso ni nada que no sea seguir mintiendo y haciéndonos despistar con otros temas y, si no consiguen despistarnos, en España al menos les queda el fútbol, el gran opio de este pueblo. Así todos calentitos en casa con una cerveza, patatas fritas y jaleando a Messi o Cristiano, así, todo está bien y que nos dejen en paz esos molestos inmigrantes.

jueves, 31 de marzo de 2016

Y seguimos "amenazados de resurrección"

Y ya estamos en la cincuentena pascual, cincuenta días para poder entender y "gustar internamente" el gran grito de júbilo de la Vigilia Pascual: ¡¡HA RESUCITADO!!

Pero ¿cómo anunciar con alegría la Resurrección de Jesús en medio de un mundo repleto de muertes? 

Esta Semana Santa me ha resultado complejo intentar escribir algo en este espacio como me ha resultado complejo asistir a los oficios sin incluir en ellos el recuerdo de los pies doloridos y las vidas desencajadas de los refugiados excluidos de Europa, de los que quedan en medio de la devastación en Irán, de los cristianos/as masacrados, de los focos de dolor y empobrecimiento que continúan aullando en el mundo, de un planeta que continuamos ensuciando y depredando...

Demasiadas "malas noticias"... ¿Cómo de grande es esa "buena noticia" del evangelio que nos dice que "la muerte no tiene la última palabra"? ¿Tan grande como para conseguir que mi mirada hacia el mundo en el que me toca vivir sea positiva, esperanzada, amable? ¿Tan grande como para hacerme capaz de "creer contra toda esperanza"?

Esa Buena Noticia que de parte de Dios nos trajo Jesús a Él, le costó la vida. Esa es la cuestión. Anunciar la Vida, trabajar por la Vida, cuidar la Vida, cargar y en-cargarse de la Vida en la vida de cada día, en la vida concreta de cada uno/a MOLESTA , ayer, hoy y, quizá, siempre.

Si algo pone ante nuestros ojos el recorrido de los textos evangélicos de la Semana Santa es el poder atroz del mal y la absoluta vulnerabilidad del Bien. La contundencia destructora de lo egoico y la mansedumbre silenciosa de lo Esencial. Me explico: es lo que siempre hemos dicho todos que el mal "hace mucho ruido" y al bien  no se le oye, pero en la vida de Jesús y de todos quienes han secundado el brillo de la Luz que nos habita, esa Luz, esa Bondad que somos sí hace ruido, hace ruido molesto en el oído de los que no quieren ver, ni oír, nI que les molesten. El Bien es un chirrido insoportable en los oídos de los poderes de este mundo, ya sean políticos, económicos o religiosos. Por eso, en cada cultura, en cada época, se calla la boca al limpio, al bondadoso, cuidado: no al tonto/a que ni se entera y es un/a "bueno/ bobalicón/na". Quien molesta es la persona que dejándose traspasar por la Bondad, Belleza y Verdad que nos habita, lo anuncia y al hacerlo denuncia toda injusticia o perversión de lo genuínamente humano. El/la místico/a, el/la santo/a, el/la profeta, el/la visionario/a, el/la que no puede callar ante lo torcido e injusto, molesta siempre a quien está instalado en el poder, sea éste del tipo que sea.

Me siento quizá como debían de sentirse algunos/as ciudadanos/as europeos/as durante la Segunda Guerra Mundial al ir conociendo la barbarie Nazi. ¿Pudiera ser que estemos en el mismo contexto? Me surge un posible "sí"... Ante nuestros ojos -y en este 2016 tenemos múltiples ojos para ver: TV. Internet, móvil- desfila el dolor del mundo, no sólo en Europa sino en África, en Siria, en... ¡¡Y seguimos mirando hacia otro lado!! Eso les criticábamos a los alemanes, europeos y americanos en la Segunda Guerra, que miraron hacia otro lado, pero ¿acaso no estamos haciendo nosotros los mismo?

Nos informan de que cien mil niños/as desparecen por los caminos de Europa víctimas de redes de tráfico humano: no pasa nada
Nos informan de enfermedades y muertes entre los refugiados: no pasa nada
Nos informan de que Europa quiere incumplir los tratados acordados de acogida al refugiado: no pasa nada.
Nos informan de que como respuesta a las bombas se emplearán más bombas: no pasa nada.
Nos informan, nos informan, vemos, escuchamos, nos bombardean con imágenes: un lamento hoy y el olvido mañana.

¿Quién o qué ha conseguido adormecernos así? ¿En qué momento hemos perdido la capacidad humana de sentir como propio el dolor ajeno, de poner las manos en el arado para labrar nuevos surcos de vida?

¿Será este nuestro legado para nuestros descendientes? ¿Una sociedad que "mira" pero no ve, "oye" pero no escucha? 

Sintiendo este "peso" dentro, con estas preguntas dentro, con mirada crítica hacia mí misma por vivir tan cómoda y tan bien mientras tantísimo hermanos/as sufren lo insufrible, así he intentado Escuchar la Palabra, ver a Jesús, proclamar que "ha resucitado" y todo ello, de nuevo, me ha hecho creer que puedo creer contra toda esperanza, que hay "razón para la esperanza".

Hay tantos actos amorosos, hay tanta bondad que no se ve ni se escucha, hay tantos hombre y mujeres que desde mil lugares, de muchas formas diversas estamos (me incluyo aunque sea una pulga junto a gigantes) trabajando día a día por sanar esta enfermedad nuestra llamada egoísmo. Tantos hombres y mujeres exorcizando el miedo que nos ata, que nos cierra, que nos hace sospechar de todo y de todos para dar paso a la "libertad de los hijos e hijas de Dios" que nos hace alzar la cabeza y percibir en el horizonte que este mundo existe para la alegría, para el amor, para el goce de tanta belleza; que este mundo no pertenece a la muerte ni a la destrucción, sino a la vida plena y a la continúa construcción de "una ciudad para todos, una gran techo común"...

No quiero que pase de mí el cáliz de mis hermanos, pero no puedo llegar a donde desearía ( no puedo o quizá creo que no puedo), pero sí puedo al menos, dejar que mi corazón llore con ellos/as y se alegre con las resurrecciones diarias.

Sí puedo traer lo grande y lo lejano a mi pequeño y cercano día a día. Ahí deseo anunciar que todo "ha resucitado" y acallar las voces interesadas en hacerme creer que ya no hay nada que hacer, que esta es una humanidad amenazada por el odio, la destrucción el sinsentido. Tozudamente sigo creyendo que "ESTAMOS AMENAZADOS DE RESURRECCIÓN".


miércoles, 17 de febrero de 2016

Cuaresma "quijotesca"

CAPÍTULO LXVI


Que trata de lo que verá el que lo leyere o lo oirá 
el que lo escuchare leer.

Al salir de Barcelona, volvió don Quijote a mirar el sitio donde había caído y dijo:
—¡Aquí fue Troya! ¡Aquí mi desdicha, y no mi cobardía, se llevó mis alcanzadas glorias, aquí usó la fortuna conmigo de sus vueltas y revueltas, aquí se escurecieron mis hazañas, aquí finalmente cayó mi ventura para jamás levantarse!
Oyendo lo cual Sancho, dijo:
—Tan de valientes corazones es, señor mío, tener sufrimiento en las desgracias como alegría en las prosperidades; y esto lo juzgo por mí mismo, que si cuando era gobernador estaba alegre, agora que soy escudero de a pie no estoy triste, porque he oído decir que esta que llaman por ahí Fortuna es una mujer borracha y antojadiza, y sobre todo ciega, y, así, no vee lo que hace, ni sabe a quién derriba ni a quién ensalza.
—Muy filósofo estás, Sancho —respondió don Quijote—, muy a lo discreto hablas. No sé quién te lo enseña. Lo que te sé decir es que no hay fortuna en el mundo, ni las cosas que en él suceden, buenas o malas que sean, vienen acaso, sino por particular providencia de los cielos, y de aquí viene lo que suele decirse: que cada uno es artífice de su ventura. Yo lo he sido de la mía, pero no con la prudencia necesaria, y, así, me han salido al gallarín mis presunciones, pues debiera pensar que al poderoso grandor del caballo del de la Blanca Luna no podía resistir la flaqueza de Rocinante. Atrevíme, en fin; hice lo que pude, derribáronme, y, aunque perdí la honra, no perdí ni puedo perder la virtud de cumplir mi palabra. Cuando era caballero andante, atrevido y valiente, con mis obras y con mis manos acreditaba mis hechos; y agora, cuando soy escudero pedestre, acreditaré mis palabras cumpliendo la que di de mi promesa. Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas.

Debieran nuestros políticos y todos/as aquellos/as que asumen y pretenden "mandar", "dirigir", "organizar" la vida social de este país, leer y releer muchas veces "El Quijote". Ahora que tanto se piensa en cómo festejar la vida de Cervantes quizá fuera la mejor manera no desdeñar y arrinconar el estudio de las humanidades en los colegios y facilitar de mil formas el adentramiento en los grandes relatos de la literatura universal donde tan claramente queda retratado el ser humano en sus luces y en sus sombras.
Rodeados como estamos cada día de funestas noticias de corrupciones, mentiras, medias verdades, soberbias personales, manos no tendidas, manos rechazadas, gestos abruptos y palabras vacías, Don Quijote y su soñadora caballerosidad se ausentan de la tierra que trotó subido a lomos de Rocinante y quizá camina cabizbajo también junto con los miles de refugiados que deambulan por la dormida europa que, con cada niño "perdido" en el camino, se hace más vieja y más alejada de la Vida. Tampoco hay apenas "Sanchos" filósofos que recuerden a su señor la realidad de las cosas cuando el sueño se transforma en desvarío y se tira por la ventana, junto con el agua sucia, el bebé lleno de posibilidades y de vida.
En medio de todo este "caos" social de dimensiones mundiales, urge una vez más la mirada del corazón, la mística de ojos abiertos de la que está haciendo gala Francisco (que me recuerda tanto a Quijote en medio de tantos molinos). Urge que aquellos que nos decimos enamorados del Evangelio, lo testimoniemos descubriendo las semillas de vida presentes en medio de tanta muerte, anunciando esperanza de la de verdad por entre tantas falsas esperanzas que detrás ocultan intereses bastardos de tipo personal y/o partidista.
Urgen palabras y gestos preñados de lucidez, sobran lugares comunes y topicazos. Urge reflexión profunda, escucha atenta a lo que de verdad se esconde tras tanta a mascarada. Pero si estamos esperando a que ese camino lo transiten "los de arriba" no haremos el camino necesario de comenzar los cambios significativos por la base, por la vida cotidiana de cada uno/a de nosotros/as, como es "no perder la virtud de cumplir mi palabra" que en este pasaje del Quijote evoca el compromiso con uno/a mismo/a de tomar mi vida entre mis manos y ser fiel a los compromisos que brotan en "tiempos fáciles" manteniéndolos en los tiempos difíciles.
Y si todo esto lo llevamos al terreno de la Cuaresma, entonces podemos aprovechar para vivir un ejercicio concreto de cuarenta días de fidelidad a lo hondo, de rechazar miradas banas y superficiales e intentar con todo el ser mirar como Dios mira dejándonos, para ello, mirar nosotros por Él. Si esto es así el dejarnos mirar por Dios nos transformará progresivamente en seres amantes, personas alejadas de la actitud de quien "echa una ojeada" o de quien "otea el horizonte" en busca de fallos que criticar o de anécdotas que contar (como quien con su móvil graba accidentes y tranquilamente los hace correr por las redes sociales sin ninguna sensibilidad ni respeto). Dejarse adentrar en "el mirar de Dios" nos conduce irremisiblemente al compromiso con al realidad, a la denuncia profética, al gesto misericordioso, al anuncio de que "algo nuevo está naciendo". Armas del Amor, el arma más poderosa.

Pudiera ser Don Quijote nuestra inspiración cuaresmal: Camina, pues, amigo Sancho, y vamos a tener en nuestra tierra el año del noviciado, con cuyo encerramiento cobraremos virtud nueva para volver al nunca de mí olvidado ejercicio de las armas.

miércoles, 27 de enero de 2016

NOMOFOBIA (y no es "miedo a los gnomos")

La nomofobia es el miedo a dejarse el móvil en casa/EFE/Jorge ZapataLa nomofobia es el miedo a dejarse el móvil en casa/EFE/Jorge Zapata
El término nomofobia significa “no-mobile-phone phobia” o, lo que es lo mismo, la dependencia al teléfono móvil llevada al extremo. Es el nombre con el que se ha definido al miedo de estar sin móvil. Puede parecer una simple adicción, pero también es posible que detrás de eso haya un grave problema psicológico.
Las fobias son una manifestación de nuestros conflictos internos expresados a través de algún tipo de miedo o angustia. Con el desarrollo de las tecnologías, han nacido nuevas fobias que se relacionan directamente con la innovación de los dispositivos electrónicos.
El uso diario y continuo de Internet, las redes sociales, tablets o smartphones hace que nuestra salud se vea afectada. Antonio de Dios, psicólogo del Hospital Quirón de Marbella, ha hablado con EFEsalud para explicar las razones por las que se produce la nomofobia y cómo combatirla.

Síntomas

  • Sensación de ansiedad
  • Taquicardias
  • Pensamientos obsesivos
  • Dolor de cabeza
  • Dolor de estómago

Causas

La nomofobia: el miedo a vivir sin móvil
EFE/ Sebastiao Moreira
Por un lado, se produce una dependencia absoluta de los demás, pues el móvil es una manera de estar conectado. Es todo un problema de autoestima y de relación. De hecho, la inseguridad personal es el factor más común que causa nomofobia.
La idea de perfeccionismo es otra de las razones por las que aparecen estos casos, ya que en estas personas existe una necesidad de hacerlo todo sin ningún fallo.
“Mi vida circula alrededor de satisfacer al otro, así que, si me llaman y no tengo la posibilidad de estar conectado, me siento solo. Aparece el miedo a decepcionar a los demás”, afirma Antonio de Dios.
Si estamos esperando una llamada y no contestamos, sentimos que estamos fallando y el miedo se apodera de nosotros

Consecuencias

Al producirse una esclavitud absoluta al móvil, la adicción a veces es incontrolable.
Antonio de Dios asegura que los que sufren este problema son personas que no pueden apagar el móvil por las noches y que, por tanto, se ven interrumpidos durante sus horas de sueño. El insomnio es, por tanto, una de las consecuencias más frecuentes en los pacientes con nomofobia.
Lo primero que hacen los nomofóbicos al tener un móvil entre sus manos, después de un rato sin utilizarlo, es consultarlo inmediatamente.
“Es como el que tiene adicción al tabaco, que lo pasa mal cuando se le acaban los cigarrillos y que, en cuanto tienen la posibilidad de fumar, lo primero que hacen es encenderse uno”

Tratamiento

Siempre es aconsejable, ante cualquier duda, consultar con una persona especializada en dependencias, adicciones y en el tratamiento de la seguridad personal o la autoestima.
El abuso del smartphone se produce muchas veces porque la persona se siente presionada en algunos aspectos de su vida y de los que debería liberarse.
“Nuestra vida ha de estar centrada en nosotros mismos y no en la comunicación con los demás. De hecho, estar en contacto con el resto debería ser considerado como un extra”

Perfil del nomofóbico

Es una persona que tiene falta de seguridad en sí misma y baja autoestima. En cuanto a la edad, la nomofobia suele darse mucho más en adolescentes, pues ellos tienen más necesidad de ser aceptados dentro del grupo, además de que los jóvenes están más familiarizados con las nuevas tecnologías que las personas más mayores.
La nomofobia: el miedo a vivir sin móvil
EFE/ Harold Escalona
Suele ser más común entre en sexo femenino, pues la estructura cerebral de las mujeres hace que tengan más facilidad para comunicar y más necesidad afectiva que los varones. Además, ellas tienen mayor capacidad para establecer relaciones afectivas.
“Los hombres no tenemos tanta necesidad y utilizamos el teléfono móvil para aspectos tecnológicos, laborales o de gestión”, apunta De Dios.

Cómo afecta a las relaciones afectivas

Las relaciones de pareja se han visto afectadas en gran medida por el uso permanente del smartphone, aunque también es cierto que las facilita en muchas ocasiones. Hoy en día,tenemos muchas formas de comunicarnos, aunque, llevado al extremo, esto provoca un enorme problema.
“El hecho de mantener una relación a través de la pantalla hace que, a la larga, no seamos capaces de ser nosotros mismos cuando estamos cara a cara. Las personas inseguras se benefician al estar protegidas por un teclado y al poder expresar más cosas en la realidad virtual”, explica el especialista.
Se trata de un círculo vicioso. El miedo a la inseguridad aumenta la protección de estar detrás de un aparato y, al pasar más tiempo con el artilugio entre manos, más habilidad adquirimos en su uso y más pánico tenemos al cara a cara.
A veces no somos capaces de trasladar las relaciones que creamos a través del ordenador o del WhatsApp a la realidad del día a día. Ahí estaremos ante un problema”, declara el psicólogo Antonio de Dios.

Consejos

  • Apuntar lo que sería un uso razonable del teléfono
  • Apagar el móvil durante las comidas o durante una reunión familiarizados
  • Priorizar la realidad al mundo virtual
  • Si nos damos cuenta de que la ansiedad se apodera de nosotros al dejarnos el teléfono en casa, nunca está de más consultar con un especialista

martes, 26 de enero de 2016

Mi pustinia irunesa

La palabra rusa pustyn (en ruso пустынь) designa a un tipo de pequeña habitación o reducido habitáculo escasamente amueblado destinado a la oración y al ayuno en presencia de Dios. Tiene origen en la palabra rusa pustynia (пустыня, "desierto"). El que es llamado a vivir en una pustynia o pustyn permanentemente es denominado pustynik.

Me gustan mucho los documentales y suelo ver siempre que puedo, los de "la 2" (sí, esos que todo el mundo dice que ve para no reconocer que también ve "Sálvame" o cosas así de banales, pues yo he sido siempre una forofa de los "docus de la 2"). En fin, hoy he disfrutado conociendo un poco la costa irlandesa. Viendo los hermosísimos paisajes pensaba "¡vaya", parece el País Vasco, no tenemos nada que envidiar" (un poco de "chovinismo" no hace mal a nadie, y más cuando obedece a la realidad). Entonces en el documental nos explicaban la ubicación de una pequeña isla frente a la costa irlandesa en la que hay un pueblo deshabitado. Allí vive sola, durante los meses de clima favorable, una mujer que ha adecentado una pequeña habitación. Ella explicaba feliz el porqué: nada puede pagar ese silencio, el paisaje, la naturaleza serena, la paz... Verdaderamente lo veía y sentía la más profunda envidia. Allí estaba ella con cuatro cosas, sin luz, sin agua corriente, recogiendo líquenes para teñir la lana que luego hila y con la que el resto de meses que regresa a tierra firme, hace ropa. Se la ve hilar contemplando el mar y saluda a un barquito que pasa cerca. En ese momento de suma envidia, he reparado en la belleza que me rodeaba en esta casa en la que vivimos hace un año y poquitos días. La luz entraba a raudales por la terraza y las amplias ventanas de la sala. Esa luz iba resaltando cada rincón, cada plantita, cada cuadro y fotografía de nuestro piso. Mirando a través de los cristales veo montes, verde del norte... y a esta hora de la tarde hay mucho silencio en la zona. 

Al terminar el documental me he ido a la terraza. El sol incide por la tarde de plano en ella, un sol de enero (extraño por otro lado, pero hermoso y reconfortante). Me he sentado. He cerrado los ojos y me he sentido claramente en "mi" pustinia en medio de la ciudad, "mi" pustinia irunesa (aún más del banco que mía, pero la disfruto yo y espero que por mucho tiempo). He recordado el eco que creó en mí con veintitantos años el libro  de Catherine Doherty "Pustinia: Espiritualidad cristiana del este para el hombre occidental". Sintiendo el sol en la cara, escuchando un silencio casi perfecto, tomando conciencia de la beatitud y privilegio de ese momento concreto, he abierto los ojos y veo bajo mi terracita a una religiosa de la guardería que hay a unos metros de casa, me está mirando mientras sonríe. Mi brazo toma vida por su cuenta y la saludo y ella me devuelve el saludo como si nos conociéramos de toda la vida. Conversamos, ella en la acera apoyada en su bastón, yo desde el segundo piso. Me pregunta mi nombre (como no ha venido a los retiros que he dado para Confer en Irún, no sabe quién soy, pero yo sí conozco a alguna de su hermanas, juego con ventaja), me dice el suyo, me explica que hay una hermana muy enferma que se llama como ella. Le deseo feliz paseo y nos despedimos con una sonrisa.

Pues nada que envidiar a la amiga de Irlanda, o más bien, muchas cosas nos hermanan: el gusto por el silencio y la naturaleza, el deseo de sencillez en la vida y la posibilidad hoy de saludar alguien con cariño desde nuestro "retiro".

Doy gracias a Dios por esta pustinia, por poder gozar de días de silencio, calma y cierta lentitud entre los días de trabajo y viajes. Gracias por poder conversar con una religiosa desde el balcón como si fuera lo más normal del mundo (para mí lo es, pero visto desde fuera no deja de ser curioso). Gracias porque en un rato Emilio saldrá del trabajo y disfrutaremos del resto de la tarde como se tercie, sin demasiados planes. Gracias porque esta casita que acoge amigos y familia cuando quieren venir. GRACIAS porque un día, descubrí la posibilidad de vivir como una "pustynik" en medio de la ciudad y hoy se me otorga un lugar hermoso donde vivir esos momentos de recogimiento con un compañero extraordinario.

martes, 19 de enero de 2016

Guardianes de la llama

En el blog de Javier Palacios "reflexiones quijotescas" encuentro este maravilloso mensaje y no puedo resistirme a traerlo aquí como merecido homenaje a los verdaderos Maestros y Maestras, los guardianes de la llama de cada niño, de cada adolescente, de cada joven.




Cada niño nace con una preciada llama dentro de sí, una llama interior de asombro y el potencial de comenzar. Esta llama ilumina el camino que se extiende hacia delante encendiendo la curiosidad y reavivando la pasión. Pero hay momento en los que esta llama es desafiada. Desde dentro y desde fuera. La llama puede flaquear bajo la presión. Puede ser ahogada por inseguridades personales. Si bien los chicos pueden llegar a tropezar, nunca estarán perdidos. Los maestros estarán protegiendo esas llamas a cualquier precio, junto con una familia atenta y cariñosa. Son los maestros quienes permanecen al lado de cada alumno. Tanto en las alegrías de la vida, como también en las tristezas. Estos custodios de las llamas pueden ayudar y guiar, porque ellos comparten esa llama del aprendizaje que brilla fuerte desde dentro. Estos maestros conocen el corazón del niño, valoran todo tipo de inteligencia. Los maestros ayudan a cada chico a escalar, más alto, más lejos y durante más tiempo y a adueñarse de los desafíos a lo largo de su misión. A aprender y vivir lo que hacen mejor. Los maestros celebran los triunfos y protegen en las tormentas para mantener esa llama calmada, encendida y cálida. Y, entonces, es hora de volver la mirada a ellos, estos custodios de la llama. Les agradecemos su pasión y les damos un gran reconocimiento por su conocimiento, investigación, ciencia y arte que les permite ser custodios de las mentes y los corazones. Para mejorar nuestras escuelas tenemos una opción: escuchar la voz de los maestros. Voces tan diversas que protegen la llama interior de cada alumno. Con el don de saber qué es lo correcto para mantener cada espíritu brillando fuerte. Entonces escuchemos a nuestros maestros a la hora de imaginar y diseñar colegios que mantengan nuestra llama encendida y que permita que cada niño brille.


                                                                              
 La educación no es llenar un balde, sino encender un fuego


                                                                        William Butler Yeats